jueves, 21 de noviembre de 2013

Comida, comida y más comida

Uno de los tópicos de Italia es la buena comida y las grandes cantidades. Es cierto. 
Esto lo pude comprobar justo en la segunda semana de mi estancia aquí, cuando junto a Carmen y Sara descubrimos el comedor universitario, un sitio donde van los estudiantes a comer de forma equilibrada y barata.
Nada más llegar coges tu bandeja y sigues una fila, en la cual vas viendo gran variedad de comida, pasta, carne, pescado, patatas, verduras de todo tipo, sopa, arroz... En ese momento coges un primer y segundo plato, pasas por la fruta y finalmente llegas a la caja para pagar. Como el hambre entra más por el ojo que por el estómago, vas con un plato de pasta, otro de salchichas, mayonesa y un plátano. Te acercas con miedo sin saber cuál va a ser el precio. La cajera mira rápidamente tu bandeja y te dice:

-Sono 3€.

¿¿¿Qué??? ¡Espera que voy a por otra bandeja!

¡Además está todo comestible! Cosa muy rara de un comedor público. Carmen después de demasiados días de pasta, decidió coger un plato de pescado en salsa, el cual probé un tanto asqueada, pero ¡Estaba sorprendentemente bueno!
Después de este éxito estuvimos toda una semana yendo allí.



Otro descubrimiento fue el llamado "Siciliano", un bar donde hay una gran variedad de pizzas, arancini, empanadas... Escoges, lo calientan y te lo comes. Al estar abierto hasta tarde, es toda una bendición.




También quisimos probar la famosa "pizzeria más buena de Ferrara", Alice. Un restaurante donde está todo curiosamente decorado con detalles de Alicia en el país de las maravillas. Fuimos una noche de mucha hambre y obviamente las pizzas nos duraron un asalto. Al día siguiente cuando le dijimos a amigos que nos encantó pero que era algo caro, nos enteramos de que si vas a medio día cuestan 6 euros y te regalan la bebida. ¡Minipunto para nosotras!


Y para finalizar, el último descubrimiento histórico en Ferrara fue La Corneteria. Un lugar donde venden croissants calentitos rellenos al gusto de cada uno. De momento los que están teniendo más éxito entre los erasmus son el de nutella y nata, y el de nutella y chocolate blanco. ¡Es nuestra perdición en tardes de aburrimiento!

martes, 12 de noviembre de 2013

Nuevas amistades italianas

En la segunda semana de mi estancia en ferrara, cuando todavía estaba en el piso provisional con la "chica spugna", conocí a muchas personas, entre ellas Marilina y Serena, mis dos futuras vecinas las cuales me ayudaron mientras estaba en España a buscar piso, donde estaba mi facultad, entre otras muchas cosas que les agradeceré eternamente.

En esa semana vinieron varios amigos suyos a verlas. Entre ellos se encontraban Riccardo y Guido, que habían estado de erasmus en Granada junto a Marilina. Mauro y Pera, dos amigos muy curiosos, los acompañaban desde Milano.
Estos días entre pasta, café y risas, aprendí a entender las conversaciones en italiano.
Uno de los días que merece la pena recordar fue el día que me dijo Marilina:

-Marta, hay un sitio libre en el coche. ¿Te vienes a Verona?
-¡Allá que voy!

Riccardo, Marilina, Guido, su novia y  yo, nos dirigimos hacia Verona a ritmo de música italiana.
Verona, la ciudad de Romeo y Julieta. Una ciudad preciosa pero con poco tiempo para admirarla.
De vuelta a Ferrara, Riccardo y Marilina insistieron en que me pusiese de copiloto con el GPS, e ir diciendo hacia donde nos teníamos que dirigir. Era sencillo, destra (derecha), sinistra (izquierda) y tutto dritto (todo recto). Vale, pongámoslo en práctica.

-Bueno Marta, ¿Hacía donde tengo que ir?
-Eeemm, tutto dritto.
-Bien. ¿Y ahora?
-Mmm gira a destra.
-Ok. ¿Después?
-Gira a "siniestra".
-¿"Siniestra"? ¡Tú sí que eres siniestra! ¡Sinistra Marta, sinistra!

Una vez llegados a Ferrara, seguimos comiendo pasta, por supuesto. Al día siguiente cada uno cogió su camino de vuelta a casa.


Puedo asegurar que fue una de las mejores semanas del erasmus hasta el momento. Conocí a gente maravillosa  con la cual sigo quedando y otra que espero volver a ver pronto.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

¿Hogar dulce hogar?

Nada más salir del ostello, quedo con mi casera para que me entregue las llaves del piso. Realmente al que me dirigía no era el definitivo, sino uno en el que iba a estar durante unos días hasta que mi habitación estuviese disponible.
Llego al lugar, y todo parece normal, tres chicas italianas, muy simpáticas, tomando café en la cocina. Qué bien, como yo quería, un lugar donde relacionarnos. Fue acabarse el café y dirigirse cada una a su habitación. No las volví a ver hasta el día siguiente a la hora de cenar.
Por lo que parecía no eran unas chicas muy sociables, pero no me importaba ya que ellas no iban a ser mis compañeras durante un año entero.
Una mañana cuando intentaba relajarme en mi habitación viendo una película, me llamó una de las chicas (la cual chapurreaba algo de español):

-¿Marta, poder venire un momentos?

¡Oh Dios! ¿Qué había hecho? ¡Si casi no salgo de mi habitación!

-¿Tu limpiar hoy, los platos?
-Sí, sí, claro.
-¿Con esta spugna (esponja)?
-Sí.
-Verás, esta spugna la usamos per limpiare la basura.
-¡Oh vaya! No lo sabía... ¿Entonces cuál es para limpiar los platos?
-¡Ah no no! Los platos le das así con las manos "e finito".

¿Cómo?¿Qué? Sonriendo y asintiendo falsamente me dirigí hacía mi habitación antes de que le vomitase en la cara. El resto de días, no comí ni uno allí.
Otro detalle de la "chica spugna", era el creerse que canta bien, sobre todo cuando se ducha y cocina, en especial opera. Pero eso ya es otra cosa.
Pasados esos días, por fin me traslado a mi piso definitivo por mi cuenta, ya que había llegado la fecha y la casera no daba señales de vida.

Mis tres nuevas compañeras, al igual que las otras también eran italianas (lógicamente lo siguen siendo), y fueron llegando poco a poco. A día de hoy estoy muy contenta con ellas, con cierta rareza de alguna, pero pasable. Tenemos una esponja para los platos y otra para limpiar la cocina. Soy feliz. 

lunes, 28 de octubre de 2013

Odisea en el ostello

Cuando llegamos al ostello, vamos identificándonos cada uno en recepción y cogiendo cada una de nuestras habitaciones. Carmen, Mercedes, María y yo sabíamos que íbamos juntas en una habitación femenina de 8 personas, pero al entrar, directamente pensamos que nos habíamos equivocado ya que había una serie de calzoncillos sobre una cama, una pelota... Nuestra duda se resolvió al ver entrar en la habitación a una "chica" rapada, con ropa de chico, andares muy masculinos, y diciendo el único ruido que emitía, "ciao".
Una vez instaladas decidimos darnos una ducha, y nunca mejor dicho, una. Había una sola ducha para toda la planta, al igual que el servicio.

Después de una noche en tensión por dormir en el mismo recinto cerrado que la "chica" masculina, llegó el desayuno. Estaba compuesto por cereales que parecían comida de pájaro, bollos dulces a los que le ponías mantequilla salada, mermelada y zumo el cual parecía el fluor que me daban en primaria una vez a la semana.
En ciertas partes de los pasillos habían pequeños saloncitos con sofás, que en cierta parte eran acogedores ya que era el punto de reunión por las noches, donde contábamos las anécdotas  que nos habían pasado durante el día buscando piso, haciendo la matrícula, comprando...

Al día siguiente llegaron las otras dos chicas ocupantes de la habitación, Leonor y Marta. Si habíamos tenido un buen día, ellas ya se encargaron de traernos la depresión, contándonos lo mal que lo habían pasado en el aeropuerto, buscando el ostello y enterándose de que no iban a poder dormir juntas. Esto se les pasó al día siguiente cuando sus ojeras desaparecieron y hablaron con el resto de erasmus.

Una de las componentes de la habitación, Cecilia, nos da la noticia de que le han dado plaza en Roma para hacer su erasmus. Por mucho que le insistimos no conseguimos retenerla en Ferrara, pero sabe que no se va a librar tan fácilmente de nosotros.

Pasada una semana en el ostello, y después de mucha búsqueda, algunos empezamos a irnos a nuestros respectivos pisos. Pero seguimos volviendo de visita por los que todavía seguían allí, ya que habíamos hecho una buena piña.


Después de mucho esfuerzo, por fin ese lugar ha pasado a ser parte de nuestra historia, parte muy importante.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Empieza la aventura

Después de mucho papeleo, maletas, nervios y desesperación, llega el gran día. 16 de septiembre de 2013; llego al aeropuerto de Sevilla con mis padres, buscando ansiosa a Carmen y Mercedes, dos chicas con las que había hablado antes e iba a ir en el mismo vuelo. Ninguna aparece. Veo en la distancia a Zahara, otra chica la cual había visto por Facebook pero no tenía contacto y no me atrevía a saludar. Facturo, y me dan la buena noticia de que tengo que pagar 100 euros más. Llega la hora de embarcar y las chicas no aparecen. Me despido de mis padres de forma rápida e indolora. Me hacen sacar el portátil de la maleta y ponerlo en una bandeja... Sin mi ordenador no me voy! Empiezo a sudar, pero veo a la misteriosa Zahara que hace lo mismo y después lo recupera. La sangre vuelve a mi cara. Estoy más sola que un grifo de campo, así que me armo de valor y...

-Hola, vosotros también vais a Ferrara?
-Sí, yo soy Zahara.
-Yo Marina, encantada.
-Yo Abraham.

Ya me siento a salvo. Sigo buscando a Carmen y Mercedes. Subo al avión y ahí está! ¿Carmen? ¿Marta?
Nos sentamos juntas, al lado de un hombre un poco sospechoso. Por suerte, Carmen es de fácil conversación, así que el viaje no se hace pesado. Llegamos a Bolonia y nos reunimos con el resto de Erasmus españoles: Zahara, Marina, Abraham y Jesús.
Me cruzo con una chica, y oigo:

-¿Marta?
-¿Mercedes?
-¡Oh! ¡No sabía si eras tú!
-¡Por fin!

Nos dirigimos hacia el famoso "Bus&Fly". Descubrimos que es un autobús enano en el cual tenemos que llevar gran parte de las maletas en el pasillo. Conocemos a Nuria y Angélica.
Llegamos Ferrara y lo primero que vemos es el grandioso Castello. Empezamos nuestro camino en busca del Ostello, donde íbamos a estar durante una semana. Saco el mapa, cogemos una gran calle llena de piedras, gran handicap para las dos maletas que llevamos cada uno.

Después de esta eterna calle, al fin, el Ostello.