Después de mucho papeleo, maletas, nervios y desesperación,
llega el gran día. 16 de septiembre de 2013; llego al aeropuerto de Sevilla con
mis padres, buscando ansiosa a Carmen y Mercedes, dos chicas con las que había
hablado antes e iba a ir en el mismo vuelo. Ninguna aparece. Veo en la
distancia a Zahara, otra chica la cual había visto por Facebook pero no tenía
contacto y no me atrevía a saludar. Facturo, y me dan la buena noticia de que
tengo que pagar 100 euros más. Llega la hora de embarcar y las chicas no
aparecen. Me despido de mis padres de forma rápida e indolora. Me hacen sacar
el portátil de la maleta y ponerlo en una bandeja... Sin mi ordenador no me
voy! Empiezo a sudar, pero veo a la misteriosa Zahara que hace lo mismo y
después lo recupera. La sangre vuelve a mi cara. Estoy más sola que un grifo de
campo, así que me armo de valor y...
-Hola, vosotros también vais a Ferrara?
-Sí, yo soy Zahara.
-Yo Marina, encantada.
-Yo Abraham.
Ya me siento a salvo. Sigo buscando a Carmen y Mercedes.
Subo al avión y ahí está! ¿Carmen? ¿Marta?
Nos sentamos juntas, al lado de un hombre un poco
sospechoso. Por suerte, Carmen es de fácil conversación, así que el viaje no se
hace pesado. Llegamos a Bolonia y nos reunimos con el resto de Erasmus españoles:
Zahara, Marina, Abraham y Jesús.
Me cruzo con una chica, y oigo:
-¿Marta?
-¿Mercedes?
-¡Oh! ¡No sabía si eras tú!
-¡Por fin!
Nos dirigimos hacia el famoso "Bus&Fly".
Descubrimos que es un autobús enano en el cual tenemos que llevar gran parte de
las maletas en el pasillo. Conocemos a Nuria y Angélica.
Llegamos Ferrara y lo primero que vemos es el grandioso
Castello. Empezamos nuestro camino en busca del Ostello, donde íbamos a estar
durante una semana. Saco el mapa, cogemos una gran calle llena de piedras, gran
handicap para las dos maletas que llevamos cada uno.
Después de esta eterna calle, al fin, el Ostello.
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