lunes, 28 de octubre de 2013

Odisea en el ostello

Cuando llegamos al ostello, vamos identificándonos cada uno en recepción y cogiendo cada una de nuestras habitaciones. Carmen, Mercedes, María y yo sabíamos que íbamos juntas en una habitación femenina de 8 personas, pero al entrar, directamente pensamos que nos habíamos equivocado ya que había una serie de calzoncillos sobre una cama, una pelota... Nuestra duda se resolvió al ver entrar en la habitación a una "chica" rapada, con ropa de chico, andares muy masculinos, y diciendo el único ruido que emitía, "ciao".
Una vez instaladas decidimos darnos una ducha, y nunca mejor dicho, una. Había una sola ducha para toda la planta, al igual que el servicio.

Después de una noche en tensión por dormir en el mismo recinto cerrado que la "chica" masculina, llegó el desayuno. Estaba compuesto por cereales que parecían comida de pájaro, bollos dulces a los que le ponías mantequilla salada, mermelada y zumo el cual parecía el fluor que me daban en primaria una vez a la semana.
En ciertas partes de los pasillos habían pequeños saloncitos con sofás, que en cierta parte eran acogedores ya que era el punto de reunión por las noches, donde contábamos las anécdotas  que nos habían pasado durante el día buscando piso, haciendo la matrícula, comprando...

Al día siguiente llegaron las otras dos chicas ocupantes de la habitación, Leonor y Marta. Si habíamos tenido un buen día, ellas ya se encargaron de traernos la depresión, contándonos lo mal que lo habían pasado en el aeropuerto, buscando el ostello y enterándose de que no iban a poder dormir juntas. Esto se les pasó al día siguiente cuando sus ojeras desaparecieron y hablaron con el resto de erasmus.

Una de las componentes de la habitación, Cecilia, nos da la noticia de que le han dado plaza en Roma para hacer su erasmus. Por mucho que le insistimos no conseguimos retenerla en Ferrara, pero sabe que no se va a librar tan fácilmente de nosotros.

Pasada una semana en el ostello, y después de mucha búsqueda, algunos empezamos a irnos a nuestros respectivos pisos. Pero seguimos volviendo de visita por los que todavía seguían allí, ya que habíamos hecho una buena piña.


Después de mucho esfuerzo, por fin ese lugar ha pasado a ser parte de nuestra historia, parte muy importante.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Empieza la aventura

Después de mucho papeleo, maletas, nervios y desesperación, llega el gran día. 16 de septiembre de 2013; llego al aeropuerto de Sevilla con mis padres, buscando ansiosa a Carmen y Mercedes, dos chicas con las que había hablado antes e iba a ir en el mismo vuelo. Ninguna aparece. Veo en la distancia a Zahara, otra chica la cual había visto por Facebook pero no tenía contacto y no me atrevía a saludar. Facturo, y me dan la buena noticia de que tengo que pagar 100 euros más. Llega la hora de embarcar y las chicas no aparecen. Me despido de mis padres de forma rápida e indolora. Me hacen sacar el portátil de la maleta y ponerlo en una bandeja... Sin mi ordenador no me voy! Empiezo a sudar, pero veo a la misteriosa Zahara que hace lo mismo y después lo recupera. La sangre vuelve a mi cara. Estoy más sola que un grifo de campo, así que me armo de valor y...

-Hola, vosotros también vais a Ferrara?
-Sí, yo soy Zahara.
-Yo Marina, encantada.
-Yo Abraham.

Ya me siento a salvo. Sigo buscando a Carmen y Mercedes. Subo al avión y ahí está! ¿Carmen? ¿Marta?
Nos sentamos juntas, al lado de un hombre un poco sospechoso. Por suerte, Carmen es de fácil conversación, así que el viaje no se hace pesado. Llegamos a Bolonia y nos reunimos con el resto de Erasmus españoles: Zahara, Marina, Abraham y Jesús.
Me cruzo con una chica, y oigo:

-¿Marta?
-¿Mercedes?
-¡Oh! ¡No sabía si eras tú!
-¡Por fin!

Nos dirigimos hacia el famoso "Bus&Fly". Descubrimos que es un autobús enano en el cual tenemos que llevar gran parte de las maletas en el pasillo. Conocemos a Nuria y Angélica.
Llegamos Ferrara y lo primero que vemos es el grandioso Castello. Empezamos nuestro camino en busca del Ostello, donde íbamos a estar durante una semana. Saco el mapa, cogemos una gran calle llena de piedras, gran handicap para las dos maletas que llevamos cada uno.

Después de esta eterna calle, al fin, el Ostello.