Cuando llegamos al ostello, vamos identificándonos cada uno
en recepción y cogiendo cada una de nuestras habitaciones. Carmen, Mercedes,
María y yo sabíamos que íbamos juntas en una habitación femenina de 8 personas,
pero al entrar, directamente pensamos que nos habíamos equivocado ya que había
una serie de calzoncillos sobre una cama, una pelota... Nuestra duda se
resolvió al ver entrar en la habitación a una "chica" rapada, con
ropa de chico, andares muy masculinos, y diciendo el único ruido que emitía, "ciao".
Una vez instaladas decidimos darnos una ducha, y nunca mejor
dicho, una. Había una sola ducha para toda la planta, al igual que el servicio.
Después de una noche en tensión por dormir en el mismo
recinto cerrado que la "chica" masculina, llegó el desayuno. Estaba
compuesto por cereales que parecían comida de pájaro, bollos dulces a los que
le ponías mantequilla salada, mermelada y zumo el cual parecía el fluor que me
daban en primaria una vez a la semana.
En ciertas partes de los pasillos habían pequeños saloncitos
con sofás, que en cierta parte eran acogedores ya que era el punto de reunión
por las noches, donde contábamos las anécdotas que nos habían pasado durante el día buscando
piso, haciendo la matrícula, comprando...
Al día siguiente llegaron las otras dos chicas ocupantes de
la habitación, Leonor y Marta. Si habíamos tenido un buen día, ellas ya se
encargaron de traernos la depresión, contándonos lo mal que lo habían pasado en
el aeropuerto, buscando el ostello y enterándose de que no iban a poder dormir
juntas. Esto se les pasó al día siguiente cuando sus ojeras desaparecieron y
hablaron con el resto de erasmus.
Una de las componentes de la habitación, Cecilia, nos da la
noticia de que le han dado plaza en Roma para hacer su erasmus. Por mucho que
le insistimos no conseguimos retenerla en Ferrara, pero sabe que no se va a
librar tan fácilmente de nosotros.
Pasada una semana en el ostello, y después de mucha búsqueda,
algunos empezamos a irnos a nuestros respectivos pisos. Pero seguimos volviendo
de visita por los que todavía seguían allí, ya que habíamos hecho una buena
piña.
Después de mucho esfuerzo, por fin ese lugar ha pasado a ser
parte de nuestra historia, parte muy importante.