Nada más salir del ostello, quedo con mi casera para que me
entregue las llaves del piso. Realmente al que me dirigía no era el definitivo,
sino uno en el que iba a estar durante unos días hasta que mi habitación
estuviese disponible.
Llego al lugar, y todo parece normal, tres chicas italianas,
muy simpáticas, tomando café en la cocina. Qué bien, como yo quería, un lugar
donde relacionarnos. Fue acabarse el café y dirigirse cada una a su habitación.
No las volví a ver hasta el día siguiente a la hora de cenar.
Por lo que parecía no eran unas chicas muy sociables, pero
no me importaba ya que ellas no iban a ser mis compañeras durante un año
entero.
Una mañana cuando intentaba relajarme en mi habitación
viendo una película, me llamó una de las chicas (la cual chapurreaba algo de
español):
-¿Marta, poder venire un momentos?
¡Oh Dios! ¿Qué había hecho? ¡Si casi no salgo de mi
habitación!
-¿Tu limpiar hoy, los platos?
-Sí, sí, claro.
-¿Con esta spugna (esponja)?
-Sí.
-Verás, esta spugna la usamos per limpiare la basura.
-¡Oh vaya! No lo sabía... ¿Entonces cuál es para limpiar los
platos?
-¡Ah no no! Los platos le das así con las manos "e
finito".
¿Cómo?¿Qué? Sonriendo y asintiendo falsamente me dirigí
hacía mi habitación antes de que le vomitase en la cara. El resto de días, no
comí ni uno allí.
Otro detalle de la "chica spugna", era el creerse
que canta bien, sobre todo cuando se ducha y cocina, en especial opera. Pero
eso ya es otra cosa.
Pasados esos días, por fin me traslado a mi piso definitivo
por mi cuenta, ya que había llegado la fecha y la casera no daba señales de
vida.
Mis tres nuevas compañeras, al igual que las otras también
eran italianas (lógicamente lo siguen siendo), y fueron llegando poco a poco. A
día de hoy estoy muy contenta con ellas, con cierta rareza de alguna, pero
pasable. Tenemos una esponja para los platos y otra para limpiar la cocina. Soy
feliz.
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